jueves, 21 de febrero de 2019

50 años de regulación del comercio de aves sudamericanas: lecciones y retos

© Traffic / WWF


Cambridge, Reino Unido.–Sudáfrica fue el principal exportador mundial de loros sudamericanos entre 2000 y 2013 después de que los países de la Amazonía "abandonaran la posibilidad de producir y exportar su vida silvestre de forma legal y competitiva", afirma un nuevo estudio sobre el comercio de aves en América Latina que abarca desde finales de la década de los 1960 a 2016. 
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Los hallazgos se publican en “Avista de pájaro: lecciones de 50 años de regulación y conservación del comercio de aves en los países amazónicos”, un informe que brinda una descripción general del comercio de aves en Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam, el recuento de su regulación y sus resultados como herramienta de conservación de especies y hábitats. 
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La comercialización de aves y sus productos desde la región data de muchos años: desde mediados del S. XIX se exportaron muchas toneladas de plumas y pieles de aves, sobretodo colibríes y tangaras, para el mercado de la moda. Esta demanda implicó la caza de millones de aves a lo largo de varias décadas. Por ejemplo, durante un breve período antes de la Primera Guerra Mundial, un comerciante de Londres importó 400,000 colibríes y otras 360,000 aves de Brasil, mientras en 1932, unos 25,000 colibríes fueron cazados en el estado de Pará (norte de Brasil) y enviados a Italia para adornar cajas de chocolate. Décadas después, desde mediados de los 1950 cuando se establecieron conexiones aéreas rutinarias (principalmente a través de Miami) y hasta la fecha, alrededor de un millón de aves fueron capturadas para ser exportadas como mascotas desde todos los países Sudamericanos. 
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Después de décadas de explotación intensiva y disminuciones masivas en muchas poblaciones de aves, en 1967 Brasil se convirtió en el primer país sudamericano en prohibir el comercio de animales silvestres, estableciendo la cría en cautiverio como alternativa económica de bajo impacto sobre la conservación de las especies cazadas. Se da así inicio al comercio ilegal de vida silvestre en la región.
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Durante las décadas posteriores, cientos de miles de aves fueron capturadas en todos los países para abastecer el comercio internacional, muchas de ellas a través de canales legales en países en los que aún no se prohibía su exportación (p.ej.  Argentina, Bolivia y Paraguay). En los años de 1980, hasta 10,000 guacamayos jacintos(Anodorhynchus hyacinthinus)fueron exportados; muchos terminaron en instalaciones de cría en cautiverio en otros países, donde los costos de producción eran menores que en Brasil. Como resultado, las poblaciones silvestres de la especie fueron diezmadas, aunque en algunos sitios de Brasil se está recuperando gracias a acciones sostenidas de conservación. Mientras los países de distribución de la especie luchan para evitar su extinción, desde Filipinas se exporta legalmente la mayor cantidad de especímenes de esta especie en el mundo. 
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"Brasil ha producido la situación opuesta de un monopolio de mercado: ha puesto involuntariamente el derecho de aprovecharse del comercio de sus especies nativas en manos de cualquier otro país que decida beneficiarse de ellas", escribe el autor del informe, Bernardo Ortiz-von Halle. 
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La situación en Brasil –prohibición total de la captura de aves con fines comerciales, se reflejó ampliamente en Ecuador y Colombia sin que la cría en cautiverio fuera establecida como opción en estos dos países. Ahora, un incentivo económico cada vez más importante para la conservación de las aves en los tres países es el turismo de observación de aves. 
El Perú también se está promoviendo activamente como destino de observación de aves, pero junto con Guyana y Surinam, el país también permite la exportación de 101 especies de aves capturadas en vida silvestre,  todas especies relativamente comunes. 
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Entre 2000 y 2013, Perú exportó comercialmente 37,233 aves incluidas en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), lo cual representa una quinta parte de dichas especies exportadas de los países Amazónicos, la mayoría de loros aratingascodilleranas (Psittacara frontatus)y calancates cara rojas(Psittacara mitratus). El informe reconoce igualmente la importancia actual del manejo del guano como recurso renovable estratégico que favorece la protección efectiva de las islas en que las aves marinas anidan. 
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 Entre 2000 y 2016, Guyana exportó 145,000 aves pertenecientes a 24 especies incluidas en el Apéndice II de CITES -la más exportada fue la Amazona de alas naranjas (Amazona amazónica). Esta misma ave es la más exportada por Surinam -74,890 aves, entre 2000 y 2013. En Guyana, se calcula que unas 20,000 personas, un 5% de la población rural del país, se benefician de esta actividad económica. Aunque ambos países han establecido cuotas anuales de capturas máximas, estos cupos aún carecen del sustento científico necesario para garantizar el manejo sustentable de las poblaciones cosechadas. 
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Aunque las prohibiciones han provocado la desaparición de la venta de aves en las calles de casi todas las ciudades de Sudamérica, una buena parte de ese comercio se ha ocultado. Perú, tanto como receptor y fuente de especies de aves silvestres, es el mayor desafío regional, aunque Brasil sigue teniendo un grave problema con el comercio interno de aves canoras, a pesar de los esfuerzos que hacen las autoridades para aplicar la ley. Cada año se confiscan en ese país entre 30,000 y 35,000 aves, un número que no ha variado significativamente en los últimos 15 años. Muchas de estas aves están destinadas a "competiciones de aves canoras", donde los espectadores apuestan dinero por los resultados de cuántas canciones o frases cantará un pájaro en un tiempo determinado. La actividad también es popular y legal en Guyana y Surinam, y como consecuencia de esto, se producen incautaciones regulares de estas aves, especialmente de semilleros, en comunidades de expatriados que viven en Estados Unidos, Canadá y Europa. 
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En general, el estudio encuentra que el comercio ilegal internacional de aves sudamericanas se ha reducido a su nivel más bajo en décadas, aunque esto “se debe principalmente a que las especies de aves más buscadas por los coleccionistas ya existen en la mayoría de los países consumidores” agregó el experto. 
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La reducción sustancial en la mayoría de los mercados urbanos de Sudamérica, que antes eran grandes centros del comercio de aves, es un logro importante de conservación en las últimas décadas, con millones de aves salvadas.  Una situación que los mercados de aves en varias ciudades del sudeste asiático están actualmente lejos de lograr.
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“La pérdida de hábitat sigue siendo la mayor amenaza para las especies de aves en los países Amazónicos, mientras que la prohibición de la exportación del comercio de aves en la región ha tenido algunas consecuencias inesperadas, como la exportación efectiva de los recursos de biodiversidad de la región y la eliminación de posibles incentivos económicos para conservar hábitats y especies”, comentó Ortiz von-Halle. 
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“Las complejidades del comercio de aves han sido subestimadas: para asegurar un futuro para las aves en la región cada vez más amenazadas necesitamos estrategias integrales que busquen con urgencia detener o revertir la destrucción del hábitat, complementándolo con incentivos económicos para la generación de ingresos locales a través del turismo y el uso sostenible de los recursos naturales. Esto ofrece el mejor camino hacia adelante para la extraordinaria diversidad de las aves en América del Sur ", concluyó el experto. 
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jueves, 22 de noviembre de 2018

La vida de las jaurías de perros de caza: aislamiento, desequilibrio psicológico y estrés

Las rehalas aúnan una vida aislada de poca socialización con picos de máxima excitación que les impide ver el peligro, explican los expertos en conducta animal. La combinación es "deplorable" para su psicología, abundan. Los rehaleros insisten en su "amor extremo" por sus perros: "Quien no lo ha vivido no lo entiende". Aunque el vídeo ha erosionado la imagen de la caza, sus asociaciones han logrado que Andalucía y Extremadura sopesen que la rehalas sean Bien de Interés Cultural.  Un perro muerto y enfado del autor: qué hay tras el vídeo de varios animales cayendo por un barranco en una cacería

Una rehala saliendo al campo. EFE

La propia esencia de la caza mayor con rehalas de perros está detrás del accidente cinegético grabado en vídeo en el que un venado y una docena de canes se despeñan por un barranco durante una montería: una jauría que vive largas jornadas y meses inactiva y aburrida a la que se suelta en pos de una presa en una actividad frenética que los lleva a un nivel altísimo de excitación en el que casi el único objetivo es cumplir con el adiestramiento ignorando el peligro. "Van ciegos", coinciden los expertos en comportamiento animal con los que ha hablado eldiario.es
"Salir al monte es una válvula de escape para un tipo de vida que no es estupenda sino miserable", describe José Enrique Zaldívar, presidente de la asociación de veterinarios animalistas Avatma. Se refiere no solo a malas condiciones físicas "que también puede haberlas", sino, aun bien sustentados, a pasar largos periodos de tiempo solos, únicamente en compañía de perros lo que lesiona la psicología del animal.
"La vida es muy monótona para ellos. Los perros están aburridos". La frase no es de un animalista sino de un rehalero que muestra en un vídeo cómo prepara a sus animales. "Están deseando que los saque a entrenar", apostilla. Luego se ve cómo los ata a un bastidor y los saca a correr. Docenas de perros.
El catedrático de psicobiología Fernando Peláez del Hierro considera que lo ocurrido en Extremadura no es una sorpresa desde el punto de vista de la etiología: "El grado de excitación es tan grande que los animales no reconocen el lugar donde se encuentran. No les asusta el vacío, pero muchos perros tampoco se asustan de los coches". Peláez del Hierro abunda en que el estilo de vida de las rehalas "puede agudizar" ese frenesí ya que "son razas tremendamente activas que están seleccionadas y entrenadas para, si tienen ocasión de perseguir, lanzarse sobre una presa".
Las rehalas son un elemento esencial en las monterías. Los perros –24, 30 o más– son liberados en las manchas de monte escogidas para desalojar las presas de caza mayor: jabalíes, venados, gamos… de manera que huyan hacia los puestos donde aguardan los tiradores. La jauría puede alcanzar una pieza y se produce un agarre como el del famoso vídeo.  
Imagen del vídeo de la montería donde cayeron perros al vacío.
Javier Bravo es educador canino y considera que la manera en que se cría y adiestra a las rehalas hace que casos como el del barranco "van a ocurrir constantemente". ¿Por qué? "La sobreexcitación del perro es tal que le impide detectar cualquier peligro. Ahora ha sido un barranco, pero puede ser una valla o un muro". Bravo considera que estos perros "lo normal es que estén en un estado de estrés crónico por no estar bien socializados, no disponer de espacio propio, vivir aislados del contacto humano…y, de repente, se les lleva a una actividad superexcitante como es la montería. Es una vida deplorable desde el punto de vista del equilibrio psicológico", remata.
Los dueños de estas jaurías no podrían colocarse en un extremo más opuesto. Afirman que el amor a sus animales es el motor que les mueve. Antonio es rehalero desde 1990 en Córdoba. "Al ver el vídeo me puse malo porque me ocurrió algo parecido hace unos años", explica. "El que tiene una rehala, salvo casos excepcionales, es porque le gustan los perros, ya que esto no está bien pagado ni por asomo". El responsable de varias rehalas, insiste en que "no necesito que mis perros agarren o pillen alguna pieza, saliendo al campo y viéndolos cazar disfruta uno más que en cualquier agarre, pero eso quien no lo ha vivido no lo entiende".  David, otro rehalero, considera que lo del barranco "es un accidente como muchos otros". Y se queja de que "muchas acciones que hacemos para salvar animales no salen."
Esa sensación de incomprensión está generalizada en el sector cinegético en una especie de confrontación entre lo urbano y lo rural. "El que quiera aprender que se haga cazador" podía leerse en un grupo de mensajería dedicado a la caza tras la publicación de este último vídeo. El rehalero David coincide en que "solo quieren destruirnos".
La Real Federación Española de Caza despachó el episodio viral como "fatídico accidente", aunque, como reconoce el rehalero Antonio, no ha sido un caso único. Aunque las imágenes han erosionado la reputación de la caza, las agrupaciones cinegéticas han conseguido que tanto Andalucía como Extremadura consideren la posibilidad de declarar las monterías y las rehalas como Bien de Interés Cultural.

Una simple afición con "animales de compañía"

A pesar de que tanto la Asociación Española de Rehaleros como la de Rehalas Regionales no han querido participar en este reportaje, sí han dejado por escrito su visión de la actividad: "Un rehalero, en definitiva, es un cazador cualquiera al que le cuesta más dinero que a otros practicar su deporte. Una afición romántica y un amor extremo por los perros. 365 días de cuidados para 30 de cacerías". Se defendieron así en 2014 de la pretensión del Ministerio de Hacienda de Cristóbal Montoro de controlar sus ingresos. Dibujaron la actividad como una afición.
Los datos chocan. Tres diferentes estudios encargados para sustentar la importancia económica del sector cinegético desde 2002 a 2018 han cuantificado la inversión precisa para montar una rehala. El más reciente, redactado por Deloitte, aseguraba: "El rehalero tipo de España realiza un gasto medio anual de 10.140 euros". Otro análisis de 2012 llevado a cabo por la Fundación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza y la Caza calculaba que "la primera instalación supone 80.000 euros. Los gastos de funcionamiento unos 20.000 euros anuales". Ambos han estimado que actúan unos 3.000 rehaleros en toda España.
En este sentido, una batida por los anuncios de actividades de caza sirve para ver de qué manera ofertan sus servicios distintos dueños de perros: "Ofrecemos nuestros servicios profesionales de nuestras magníficas rehalas, nos desplazamos, si no queda satisfecho no le cobramos". Otro asegura que cumplirá "las expectativas del cliente".  "Se les mete mucha presión a los perros para que se consigan los objetivos", analiza otra experta en conducta animal que prefiere no dar su nombre por trabajar en un departamento público. Los rehaleros consiguieron que el Gobierno les hiciera caso.
Antes, en 2002, estos cazadores habían asegurado que sus perros eran "animales domésticos de compañía",para zafarse de las nuevas exigencias en materia sanitaria que se cernían sobre ellos si se consideraban como productivos. En este aspecto, todos los expertos coinciden en que no son ejemplares de compañía. "Son jaurías, eso es otra cosa. Con sus jerarquías", dice rotundo el catedrático Peláez del Hierro. "Una persona con 20 o 30 perros…. por idiosincrasia no pueden ser animales domésticos", coincide el educador Javier Bravo. "Si desde pequeño se le ha criado para la caza en grupo no es un animal de compañía. De hecho, no pueden reciclarse a la vida en una casa si tiene que dejar la rehala", sentencia la tercera experta.
El calendario de monterías está en plena actividad y llegará hasta finales de febrero. Las juntas de Andalucía y Extremadura seguirán con esa propuesta de convertirlas en BIC (y la protección legal que conlleva) encima de la mesa. El veterinario Zaldívar reflexiona: "Meterse con la caza es muy difícil, pero lo que sí tenemos claro es que la montería con rehalas debería desaparecer".

lunes, 20 de agosto de 2018

¿Por qué es tan difícil para el presidente Trump prohibir de plano las importaciones de trofeos?

Foto de Artg

POR 
DELCIANNA WINDERS 
(Primero impreso en NEW YORK DAILY NEWS, viernes, 9 de marzo de 2018, 12:16 PM)

Han pasado tres años desde que el mundo estalló en indignación cuando el dentista de Minnesota, Walter Palmer, cazó egoísta e ineficientemente al león Cecil. La insensible muerte de Cecil arrojó una dura luz sobre la matanza de animales por sus partes del cuerpo - "trofeos" - para que puedan ser embutidos y colgados en las paredes en cuadros macabros montados por hombres inseguros. (Sí, son casi exclusivamente hombres los que participan en este llamado deporte). Es hora de que nuestro gobierno deje de ser cómplice de este horror indefendible.
A principios de esta semana, la administración Trump anunció que la importación de partes del cuerpo de elefantes africanos tomadas por deporte podría permitirse caso por caso. Esta noticia se produjo solo unos meses después de que el presidente se pronunciara en contra de la práctica y pusiera la decisión en espera. En noviembre, el presidente Trump tuiteó: "La decisión del trofeo de los grandes juegos se anunciará la próxima semana, pero será muy difícil cambiar de opinión de que este espectáculo de terror en modo alguno ayude a la conservación de los elefantes o cualquier otro animal".
Estaba en ese momento y, si lo decía en serio, tiene que dirigir su agencia, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre (FWS), para que haga su trabajo y proteja a la vida silvestre, no a los cazadores de trofeos.
Importar "trofeos" de elefantes es actualmente ilegal a menos que un organismo gubernamental permita una excepción a la ley que se supone que protege a las especies en peligro, y no existe una base legítima para permitir que las partes del cuerpo de animales en peligro sean importadas a nuestro país.
Nuevos informes detallan las últimas horas de Cecil. Según el libro "Lion Hearted: La vida y la muerte de Cecil y el futuro de los gatos icónicos de África", del biólogo Andrew Loveridge, después de haberlo atraído deliberadamente fuera de los límites de un parque nacional para eludir las regulaciones, Palmer disparó a Cecil con su primera flecha de acero, pero olvidó sus órganos vitales y arterias principales. El león majestuoso sufrió de 10 a 12 horas terriblemente dolorosas antes de ser finalmente "enviado" con una segunda flecha desde un arco compuesto.
La condena pública de la caza de trofeos sigue siendo fuerte. Es un pasatiempo cobarde que tiene que ver con la perversa necesidad de atrapar y masacrar al más grande y al "mejor". Se trata de posar alegremente para retorcidos selfies con cuerpos sin vida. Se trata de los derechos de fanfarronear, como si disparar a un animal complaciente con armas de alta potencia fuera algún tipo de logro.
Debemos preguntarnos, ¿cuál es la psicología de alguien que gasta decenas de miles de dólares para viajar a otro país solo para matar? Cuando su motivo es la emoción de matar y tienen una completa indiferencia por la vida de otra persona y se deleitan perversamente en mostrar cabezas de animales ocupándose de sus propios asuntos, esto nos indica a los demás una psique muy perturbada.
Tratar de convertir estas muertes en "conservación" es absurdo. Se supone que los animales están protegidos por un tratado internacional y la Ley federal de especies en peligro de extinción. Matarlos o importar sus partes del cuerpo está estrictamente prohibido. Hay una excepción: al hacerlo, ayudaría a "mejorar la propagación o la supervivencia de las especies afectadas".
Como reconoció el Tribunal Supremo, esta excepción debe aplicarse en "circunstancias extremadamente limitadas". Y sin embargo, a través de una escandalosa política de pagar para jugar, el FWS ha permitido que la excepción se convierta en la regla.
Presionado por grupos como Safari Club International y la Asociación Nacional del Rifle, el FWS ahora emite docenas de permisos cada año autorizando la importación de trofeos. En lugar de limitar los permisos a aquellos casos que verdaderamente ayudan a las especies, como lo exige la ley, la agencia los entrega como dulces a cualquiera que alegue hacer una donación para la conservación.
No importa que las donaciones no sean más que garantías para la caza cruel, que a menudo son insignificantes, y que vayan a países donde no existe la seguridad de que realmente se utilizarán para la conservación. No importa que FWS a menudo ni siquiera haga un seguimiento para asegurarse de que las donaciones prometidas estén hechas, y mucho menos que terminen donde debieron. No importa que matar elefantes o leones, miembros de grupos sociales complejos, socave directamente la conservación y al mismo tiempo destruya a las familias.
Como dice el ético Marc Bekoff: "Es hora de guardar las armas". y descubra cómo vivir en una coexistencia pacífica con los fascinantes animales con los que se supone que compartimos nuestro planeta más magnífico ".
El FWS haría bien en tomarse en serio ese mensaje, acusado por el Congreso de proteger a estos animales.
Winders es el vicepresidente de la Fundación PETA y el asesor jurídico adjunto para la aplicación de la ley de animales en cautiverio y un investigador visitante en la Escuela de Derecho Elisabeth Haub de la Universidad de Pace.