martes, 17 de abril de 2018

La justicia avala la decisión de A Coruña de poner fin a las corridas de toros

Una sentencia reconoce el derecho del Gobierno municipal a rescindir el contrato de la feria taurina "por interés público" y a pesar de la consideración de la tauromaquia como "bien cultural inmaterial".

La feria taurina coruñesa ya venía registrando una muy pobre asistencia en los años anteriores
El 13 de julio de 2015 el Ayuntamiento de A Coruña inició el expediente de finalización de contrato y suspensión de la Feria Taurina, que se había venido celebrando en la ciudad en los 20 años anteriores. Fue una de las primeras medidas adoptadas por el Gobieno municipal de Xulio Ferreiro (Marea Atlántica), cumpliendo así uno de los puntos recogidos en su programa electoral. La Feria venía registrando cifras de asistencia muy pobres y su rentabilidad dependía sobre todo de las subvenciones públicas, directas o indirectas, alrededor de 2,2 millones de euros recibidos del Ayuntamiento en las dos décadas anteriores. Sin ese impulso económico municipal las corridas de toros en A Coruña eran inviables en la práctica, como se ha visto en los años siguientes.
La UTE formada por Tomás Entero Martín y Tauro Siglo XXI, concesionaria de la Feria, recurrió la decisión ante los tribunales, pues aún restaba un año para la finalización del contrato firmado por el anterior gobierno municipal. Pero, además, en su recurso contra la rescisión la concesionaria alegaba entre otras razones el valor que la Ley 18/2013 le confiere a la tauromaquia como "bien cultural inmaterial", argumentando que esta consideración impediría al Gobierno local anular el contrato "por razones de interés público".
Sin embargo, el juzgado contencioso-administrativo nº 2 de A Coruña acaba de dictar sentencia, reconociendo el derecho del Ayuntamiento a finalizar el contrato y descartando la argumentación de la empresa taurina en relación a esa supuesta "suerte de estatus privilegiado de la tauromaquia sobre las restantes manifestaciones culturales, que impondría a todas las Administraciones Públicas el deber de emprender políticas activas de promoción de la tauromaquia". La sentencia, que puede sentar un precedente importante en litigios semejantes en los que se invoca una pretendida protección de la tauromaquia como bien cultural, subraya la "autonomía" de las administraciones locales para decidir la programación o no de espectáculos taurinos.
El dictamen sí le reconoce a la antigua concesionaria de la feria taurina el derecho al cobro del "lucro cesante" por la finalización del contrato, valorado en un 10% de la recaudación tomando como base las cifras del año anterior. En aquella feria sólo se habían vendido un tercio de las entradas, con una recaudación aproximada de 140 mil euros. Además, la empresa podrá recibir una pequeña indemnización como "daño emergente". En todo caso, muy lejos de las cantidades reclamadas por la empresa taurina: "306.632,50 euros como daño emergente y 61.326,50 euros como lucro cesante en cada ejercicio". En el momento de la rescisión el Ayuntamiento ya había calculado que le debía abonar a la empresa el 10% del valor del contrato. La celebración de la feria taurina en verano de 2015 le hubiese supuesto a las arcas municipales un desembolso aproximado de 60.000 euros.
El fallo entra a debatir el fondo de la reclamación de Tauro Siglo XXI y Tomás Entero Martín: las implicaciones prácticas del carácter de "bien cultural inmaterial" de las corridas de toros decretado por el Partido Popular en el año 2013 y el derecho de una administración a decidir si programa o no espectáculos taurinos. Analiza así los efectos de esa ley y de la sentencia del Tribunal Constitucional 177/2016 que declaró "inconstitucional" la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, una anulación de la ley catalana que se produjo por una cuestión meramente competencial y no de derechos fundamentales.
De esta forma, aunque la Ley 18/2013 señala el deber de la Administración General del Estado de "garantizar la conservación y promoción de la Tauromaquia como patrimonio cultural de todos los españoles, así como tutelar el derecho de todos a su conocimiento, acceso y libre ejercicio en sus diferentes manifestaciones”, la propia sentencia del TC subrayaba que "tampoco es razonable entender" que esto "imponga el deber de mantener de modo incondicional una interpretación que tienda al mantenimiento de todas las manifestaciones inherentes a los espectáculos tradicionales, como pueden ser las corridas de toros, sin tener en cuenta otros intereses y derechos protegidos y otros valores culturales, a veces contrapuestos, que han de ser también adecuadamente ponderados". El juez concluye que "en el ejercicio legítimo por la Administración demandada de esa autonomía constitucionalmente garantizada se encuentra integrada la opción de resolución del contrato, en tanto que ese acto de ninguna forma impide el ejercicio por la Administración General del Estado de la competencia en la materia que nos ocupa".
Esta sentencia coruñesa se viene a sumar a la dictada el 13 de diciembre de 2017 por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, en términos parecidos, pues reconocía el derecho del Gobierno municipal de San Sebastián a no incluir espectáculos taurinos en sus fiestas, optando por otras programaciones, y rechazaba la tesis de que "la exclusión conlleva una prohibición". En resumen, el fallo viene a reconocer de nuevo el derecho de las administraciones públicas -en este caso ayuntamientos- a no programar espectáculos taurinos, sin que esta decisión atente contra la invocada protección de la tauromaquia, y rechaza que estas administraciones estén obligadas a promover en todo momento las actividades relacionadas con el toreo.

viernes, 13 de abril de 2018

La granja de los horrores de Gama, Cantabria

Organizaciones en defensa de los animales y santuarios lanzan una campaña de recogida de firmas para salvar a las 23 vacas rescatadas de una explotación ganadera. Los animalistas denuncian el maltrato sistemático, la inacción de las administraciones y la connivencia de otros ganaderos.
Estado en el que se encontró a las vacas en la granja de Gama (Cantabria) ASOCIACIÓN ALDDEA
La imagen daba escalofríos. El pasado 23 de marzo, la Guardia Civil llegaba a una vaquería del barrio de La Bodega, en la localidad cántabra de Gama, con una orden judicial bajo el brazo. La jueza del Juzgado de primera instancia número 2 de Santoña obligaba a requisar a los animales tras una denuncia que había corrido como la pólvora por las redes sociales: una activista de la Asociación Huellas Cantabria había grabado y fotografiado a los animales en un estado deplorable: prácticamente en los huesos, sin apenas poder moverse y sin asistencia veterinaria. Una situación que ya había sido denunciada ocho meses atrás por la Asociación Alddea, que incluso había interpuesto una querella criminal contra el responsable de la instalación.
El ganadero no recibió de buen grado la presencia de los agentes, e incluso se negó a abrir las puertas de la cuadra. Los vecinos asistían entre curiosos y atónitos a la escena, aunque algunos se solidarizaban con el ganadero. “Nunca he visto maltrato. No me parece que las vacas estuvieran mal. Nada que no sea habitual, vamos”, declaraba uno de ellos a El Diario Montañés. También había quien celebraba la intervención de la Guardia Civil. “Ya era hora de que se las llevaran: las tenía berreando en la hierba pidiendo comida todo el día”, apuntaba otro vecino.
Ahora, y según confirma Alddea, las 23 vacas rescatadas de aquel infierno han sido trasladadas a otra explotación, propiedad de un amigo del ganadero denunciado, donde presumiblemente serán sacrificadas. Todo ello a pesar de que la juez había incorporado inicialmente en el auto una disposición que obligaba a “garantizar su integridad física”. Por ello, la propia Asociación Alddea ha puesto en marcha una campaña de  recogida de firmas en Change.org en la que se pide que los animales tengan oportunidad de acabar sus días de manera digna. En apenas tres días la petición ha superado las 82.000 firmas.
“La situación es muy complicada, y una auténtica vergüenza”, cuenta Anna Clemente, presidente de Alddea. “Se trata de un claro caso de maltrato, aunque ahora desde la Dirección General de Ganadería de Cantabria niegan la mayor: dicen que no hay maltrato, sino descuido. Incluso que a este señor hay que compensarlo por la pérdida de las vacas. Tenemos un informe veterinario, aunque sólo por los vídeos resulta evidente cómo estaban estos animales”.
Tras la incautación, los pertinentes informes veterinarios no han aparecido por ninguna parte. “Los llamamos los informes Cifuentes: nadie sabe dónde están”, apunta Clemente con ironía. “El oscurantismo es total: hace meses, cuando los veterinarios se desplazaron al lugar, no tomaron medidas. Eso sí: con la boca pequeña decían que los animales estaban fatal, que las vacas estaban enfermas. Mientras tanto, los maltratadores se jactaban en el bar de que les daban igual las vacas, porque en cuanto se moría una les daban subvenciones para comprar más”.
Lo ocurrido en la explotación ganadera de Gama cobra aún más gravedad al saber que no se trata del primer caso protagonizado por el mismo ganadero. “Este hombre ha matado ya a un elevado número de perros. En su día, una protectora se hizo con diez porque amenazaba con ahorcarlos”, denuncia la presidenta de Alddea. El día que sacaron a las vacas, la jueza también ordenó la incautación de la perra que sigue viviendo en el lugar. “Estaba destrozada, con sarna por todo su cuerpo y completamente desatendida. Si según Ganadería lo de las vacas no es maltrato, ¿cómo llaman a lo que este hombre hace a los perros?”, se pregunta Clemente.

Los santuarios, la única salida

Para que los animales se recuperen y vivan de una manera digna el resto de su vida solo hay una vía posible: los santuarios. Muchos de ellos han respondido unánimemente ofreciéndose como voluntarios para dar cobijo a estas vacas en sus instalaciones. Así lo han hecho el Santuario Compasión Animal, el Mino Valley Farm Sanctuary, el Santuario Vacaloura, el Santuario Frente L.A. y la Fundación Santuario Gaia.
“El futuro que espera a estos animales es incierto”, lamenta José Benito, del Santuario Frente L.A. “Si vuelven a ese infierno, lo más seguro es que acaben de la misma forma. Por eso estamos luchando para que no suceda”.
Los animalistas denuncian, asimismo, presiones por parte de los ganaderos y el Gobierno de Cantabria para que los animales terminen en el matadero. “La jueza nos dio la razón, pero en el último momento, y bajo la presión del Gobierno de Cantabria, cambió su versión”, lamenta Benito. “Los propios ganaderos, que al principio se referían a este lugar como “la granja de los horrores”, han empezado a solidarizarse con los responsables de la explotación. A través del sindicato de ganaderos se está fomentando que cambien de opinión”, apunta Clemente.
Para los responsables de los santuarios, lo ocurrido en Gama no es más que la cara no visible de la explotación animal. “Está situación se vive a diario en las explotaciones ganaderas”, asegura Benito. “Ven a los animales como objetos sin sentimientos y desde las administraciones públicas siempre se mira por el maltratador. Cuando se producen casos de este tipo avisan al ganadero y miran hacia otro lado”.
Puedes secundar la petición de que las 23 vacas rescatadas de Gama sean trasladadas a un santuario en este enlace.

domingo, 8 de abril de 2018

Goodall, la Jane que no necesitó un Tarzán para aprender de los monos

National Geographic estrena el documental Jane, la mujer que puso patas arriba a la comunidad científica por sus descubrimientos sobre los chimpancés salvajes. Jane Goodall fue desacreditada por su género, juventud y belleza entre los que se negaban a reconocer la herencia simiesca de la especie humana. 
JANE GOODALL, LA MUJER QUE VIVIÓ ENTRE CHIMPANCÉS
Esta Jane no necesitó un Tarzán para desenvolverse como nadie por la selva de Tanzania. Allá por 1960, sin formación ni títulos, Jane Goodall fue enviada al Parque Nacional Gombe Stream para estudiar muy de cerca a los chimpancés africanos, sus costumbres y los lazos personales que creaban entre ellos. Tenía 27 años y una idea bastante alejada de lo apasionante que terminarían siendo sus hallazgos y su vida.
Ahora, National Geographic presenta el documental Jane, nominado a los Bafta y preseleccionado en los Globos de Oro y los Oscar, traducido al español. “Cuando me lo ofrecieron, pensé: ¿otro documental sobre mi vida entre chimpancés? Por favor, no”, confiesa al comienzo la científica de 83 años. “Pero pronto me di cuenta de que este era especial”.
Jane no ahonda tanto en el resultado de sus años de observación, esenciales para derribar algunas creencias  indiscutibles en antropología física, sino en sus rutinas de estudio y en la relación con el que más tarde se convertiría en su marido, el fotógrafo Hugo Van Lawik. Las impresionantes imágenes que sirvieron para trazar este mapa pertenecían al archivo de Hugo, que se creyó perdido durante décadas y al final fue recuperado en 2014.
Pero volvamos al principio. ¿Cómo termina una veinteañera sin estudios al frente de una costosa misión científica a orillas del lago Tanganika? Cuando tenía cuatro años, Goodall se pasó horas observando cómo ponía un huevo una gallina. Desde entonces, su entrenada paciencia, amor por los animales y obsesión por el continente africano solo fue in crescendo, hasta tal punto que llegó a considerar la jungla de Gombe su “verdadero hábitat”.
Todas estas aptitudes no le pasaron desapercibidas al director del Museo de Historia Natural de Kenia, que la fichó como secretaria y más tarde le confiaría el estudio más importante de su carrera. Louis Leakey tenía la firme convicción de que los humanos le debían más a su herencia simiesca de lo que estaban dispuestos a admitir, algo no muy popular en aquella época. 
Para demostrarlo, envió a tres mujeres que se convertirían en las primatólogas más importantes de nuestra historia: Jane Goodall, Dian Fossey ( Gorilas en la niebla) y Biruté Galdikas. Un trío que fue apodado en la prensa como Los ángeles de Leakey
La recompensa del titular machista
Jane Goodall cuenta en Jane que, antes de obtener las primeras pistas, se sucedieron los meses sin un solo avance. Más de uno hubiese tirado la toalla, pero ese no era el estilo de la londinense. Cada día caminaba entre la hojarasca, esquivaba serpientes venenosas y se acomodaba en una colina desde donde observaba a los chimpancés. Si la veían, huían. Si la percibían cerca, actuaban de manera extraña, y eso era justo lo contrario de lo que ella necesitaba.
JANE GOODALL, LA MUJER QUE VIVIÓ ENTRE CHIMPANCÉS
Cuando los animales se habituaron a su presencia, e incluso se permitían el lujo de saquear su campamento, le dieron también la mejor recompensa. Goodall descubrió que los chimpancés comían carne (hasta entonces se pensaba que eran veganos), que usaban palos para introducirlos en agujeros y atrapar termitas y –lo más importante– que eran incluso capaces de fabricarlos arrancándoles las hojas.
Este último hallazgo la convirtió en un fenómeno mediático, a la vez que despertó la suspicacia de gran parte de la comunidad científica. “Ahora deberemos redefinir las palabras hombre y herramienta, o aceptar a los chimpancés como humanos”, le dijo su maestro, el profesor Leakey. Hasta ese momento se pensaba que la fabricación de útiles era un rasgo definitorio de nuestra especie.
Con la fama también llegaron los titulares machistas, que pusieron el foco en esta atractiva joven, rubia y de largas piernas. “Algunos insinuaban que el resultado de mis meses de estudio se debía a la longitud de mis piernas. Era una estupidez, pero yo me aproveché de ello”, cuenta Goodall en el documental.
Gracias a que su foto apareció en todos los rotativos ingleses, el estudio recibió la financiación de la National Geographic Society. Con una sola condición: a partir de ese momento, cada paso que diese iba a ser grabado e inmortalizado por el fotógrafo Hugo Van Lawik, colaborador de la organización. 
JANE GOODALL Y HUGO VAN LAWIK
“Al principio no me gustó la idea. Me había costado mucho tiempo que los chimpsse acostumbrasen a mí. Ahora tendrían que hacerlo también a un hombre cargado con un aparato enorme”, confiesa con una mirada pícara. La realidad posterior fue muy distinta. Jane y Hugo encajaron tan bien que, cuando hubo acabado su trabajo, él no dudó en confesarle su amor por un telegrama y pedirle matrimonio. 
Su mayor decepción
Aunque gran parte del documental Jane se dedica a la conexión natural entre ella y su primer marido, y en cómo se apañaron para criar a un hijo en plena selva, lo más importante es la relación que surgió con su segunda familia: la de los chimpancés.
Desde el primer momento, debido a su falta de rigor científico y a su amor extremo por esta especie, la etóloga (estudió la carrera después de su primer viaje a Gombe) le puso nombre a cada uno de los ejemplares de su estudio. Su debilidad eran Barba Gris, el macho alfa de la comunidad, y Flo, la hembra más poderosa.
Esta referencia fue clave para introducirse entre ellos y descubrir que son animales extremadamente sociales, que dedican gran parte del día a acicalarse, que forman bandas organizadas para robar o atacar, y que tienen una dependencia maternal muy similar a la de los humanos. De hecho, una de las historias más duras de la cinta la protagoniza Flint, un chimpancé adolescente demasiado apegado a Flo. 
JANE GOODALL Y BARBA GRIS
“Esa personificación no fue bien recibida en Cambridge, donde la atribución de emociones e individualidad a los animales no humanos no se consideraba etología, sino antropomorfismo”explican en National Geographic. Pero Goodall, de nuevo, desafió los preceptos y convirtió su técnica en una escuela y su campamento en el Centro de Investigación del Río Gombe (GSRC por sus siglas en inglés).
Pero no todos los descubrimientos de esta época estuvieron marcados por la paz y la prosperidad entre la comunidad simiesca de Gombe y los humanos. Tras la guerra de los Cuatro Años, un periodo violento y oscuro para Jane Goodall, ella también tuvo que replantearse algunas de sus teorías.
“Cuando llegué, pensaba que los chimpancés eran más amables que nosotros. Pero el tiempo me ha demostrado lo contrario. Pueden ser igual de horribles”, escribió Jane en uno de sus libros. La científica observó que las luchas entre los machos alfa se saldaban con violencia física y una mezcla de maniobras políticas, y que las hembras podían llegar a matar a los bebés de la comunidad rival.
JANE GOODALL A LOS 82 AÑOS CON SU FIEL ACOMPAÑANTE
Nada de esto le hizo perder su pasión por esta especie y parte de su familia. Al revés, le hizo consciente de que los avances cognitivos del ser humano debían ponerse al servicio del resto de habitantes del planeta y no al contrario, como está ocurriendo. Desde entonces, la figura de Jane Goodall se asocia al activismo medioambiental, que ejerce predicando su ejemplo por cada rincón del mundo.
Acompañada siempre de su mono de peluche, con una mirada acuosa y una sonrisa amable, nos recuerda lo destructivos, peligrosos e irracionales que somos, y el legado lamentable que estamos creando para las generaciones venideras.